Reseña: El jilguero por Donna Tartt

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Lo terminé hace poco y me dejó con sensaciones muy encontradas. Por un lado, entiendo perfectamente por qué tanta gente lo admira. Donna Tartt escribe con una capacidad impresionante para crear atmósferas, personajes complejos y escenas cargadas de tensión emocional. Por otro, no puedo evitar sentirme un poco decepcionada, sobre todo por el desenlace.

El primer tercio me pareció, sin duda, lo mejor de la novela. Desde el inicio, Tartt consigue meterte por completo en la vida de Theo: las descripciones son tan detalladas y sensoriales que por momentos sentía que estaba ahí con él, viviendo esa mezcla de pérdida, confusión, culpa y desconexión emocional que lo acompaña después de que su mundo se rompe. Esa primera parte tiene un ritmo muy sólido, una premisa poderosa y una carga emocional que justifica por completo la extensión del libro.

También disfruté buena parte de los años en Las Vegas. Creo que Tartt retrata muy bien lo que puede ser la vida de dos adolescentes aburridos, descuidados y medio abandonados en esos suburbios desérticos, donde parece que no hay nada que hacer y nadie está realmente prestando atención. Esa sección tiene una atmósfera vacía, calurosa y desorientada que está muy bien lograda. Aun así, también sentí que se alarga demasiado. La prosa sigue siendo elegante y visual, pero el ritmo se estanca, y por momentos la historia parece más interesada en mostrar la deriva emocional de Theo que en avanzar.

Eso es lo frustrante del libro: está muy bien escrito y tiene muchísimas partes que disfruté. Me gustó cómo explora el trauma, la culpa, el arte, la obsesión y esa sensación de cargar con algo que nunca terminas de entender del todo. Theo es un personaje complicado, muchas veces difícil de querer. El problema es que la novela insiste tanto en sus patrones de confusión, evasión y malas decisiones que, en algunos tramos, en lugar de profundizar, parece simplemente alargarse.

Y luego llega la parte final, que para mí fue donde más flojeó. Después de una novela tan larga, tan detallada y tan pausada, los últimos capítulos se sienten demasiado apresurados. Todo lo relacionado con Amsterdam y la forma en que se resuelve la historia del cuadro me pareció un poco inverosímil, casi como una salida rápida para ofrecer un final “feliz” o, al menos, agridulce. No necesitaba un cierre trágico, pero sí esperaba una conclusión más potente y más coherente con el peso emocional que el libro había construido.

También me quedé esperando que Theo asumiera más responsabilidad por sus decisiones. Entiendo que parte del punto de Tartt es mostrar que las personas pueden hacer cosas malas sin ser necesariamente malas personas, y que la vida no funciona como una balanza moral perfecta donde cada error recibe un castigo proporcional. Pero aun así, el final me pareció demasiado conveniente. Después de acompañar a Theo durante tantas páginas, quería un cierre más honesto, más duro o, por lo menos, más satisfactorio en cuanto a las consecuencias de lo que había hecho.

En conjunto, El jilguero me parece una novela ambiciosa, hermosa por momentos y frustrante en otros. Su primera parte es absorbente y memorable; la parte intermedia tiene momentos muy buenos, pero se vuelve lenta; y el tramo final intenta recuperar intensidad, aunque termina sintiéndose apresurado. No me arrepiento de haberlo leído, porque hay escenas, personajes e ideas que se quedan contigo, pero sí terminé con la sensación de haber leído una novela enorme y muy bien escrita que, al final, no me dio el impacto emocional que prometía.

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